Es importante advertir que el ego nunca cambia. Es 100% odio y asesinato. Por otro lado, el Espíritu Santo es 100% amor. Nunca cambia. Su sistema de pensamiento de perdón, sanación, paz y amor nunca cambia. Ambos están totalmente presentes en todo el mundo: 100% odio, 100% amor. Esto no disminuye; tú no lo socavas. Lo que cambia es la cantidad de tiempo que pasas en uno u otro lado. Es un error pensar que puedes mermar tu odio. Nunca mermarás tu odio. Es 100% sólido como el granito.
No hay herramienta lo suficientemente poderosa para hacer nada con esa muralla 100% granito sólido de odio y asesinato. Lo que haces es que eliges pasar cada vez menos tiempo identificándote con ella, y más y más tiempo identificándote con la Corrección, el Espíritu Santo. Ese es el significado de progreso de este Curso. Por lo tanto, estar identificado con el Espíritu Santo significa mirar el ego sin juzgarlo. Después de un tiempo te darás cuenta, como dice Un curso de milagros, de que la sólida muralla de granito no es sólida-es un fino velo que no tiene poder para obstaculizar la luz.
Nuestra percepción cambia, pero el ego no cambia: el odio es odio; el asesinato es asesinato.
La separación de Dios fue un acto de homicidio celestial: Creemos que destruimos a Dios, y que este mundo surgió de Sus cenizas. Ese es el saldo final. Lo que cambia no es el ego; lo que cambia es nuestra percepción de él. Nuestra percepción cambia gradualmente a medida que aprendemos a tomarlo cada vez menos en serio, lo cual significa que aprendemos a darle cada vez menos poder sobre nosotros. Pues es sólo la creencia de nuestras mentes en el ego lo que le dio su poder:
No le temas al ego. Él depende de tu mente, y tal como lo inventaste creyendo en él, puedes asimismo desvanecerlo dejando de creer en él. (T-7 VIII.5:1-2)
La meta de Un curso de milagros no es que estemos sin un ego. La meta es no sentirnos culpables con respecto a nuestra decisión contra el Espíritu Santo y a favor del ego.
Hay una línea muy importante en el manual que dice:
No te desesperes, pues, por causa de tus limitaciones. Tu función es escapar de ellas, no que no las tengas. (M-26.4:1-2).
Jesús dice la misma cosa en la sección “La pequeña dosis de buena voluntad” en el texto:
No confíes en tus buenas intenciones, pues tener buenas intenciones no es suficiente. Pero confía implícitamente en tu buena voluntad, independientemente de lo que pueda presentarse. Concéntrate sólo en ella y no dejes que el hecho de que esté rodeada de sombras te perturbe. Ésa es la razón por la que viniste. Si hubieses podido venir sin ellas no tendrías necesidad del instante santo (T-18.IV.2:1-6)
Él está diciendo que tu función no es ser perfecto, no es estar sin las sombras del odio y la culpa. Tu función es escapar de la carga que pusiste sobre ti mismo. Es una distinción muy importante. “Tu función es escapar de ellas, no que no las tengas”. En este mundo, en este sueño, no se espera que estés sin tu culpa, odio ni impulsos asesinos, sino más bien que escapes de la carga de juicio que pusiste sobre ellos.
Todos estamos perturbados por la sombra original, que es habernos privado a nosotros mismos de la luz de Dios. Eso es lo que es una sombra: la privación de la luz. Entonces nos sentimos abrumados por la culpa, huimos y nos ocultamos en el mundo, y nos llevamos la culpa con nosotros sin saber que lo habíamos hecho. Por eso vinimos: por causa de las sombras. Pero podemos aprender-eso es lo que Un curso de milagros nos ayuda a hacer- a no sentirnos perturbados por nuestro odio, especialismo y juicios. Eso comienza a inclinar la balanza para que podamos pasar más tiempo con Jesús y menos tiempo con el ego”.